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¿Cómo sobrevivir al verano?

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Grandes corredores en la historia se crecieron en verano, con el calor, la dificultad, el plomo de la humedad y la calima sobre los hombros.

 

Como dicen los clásicos, en ciclismo lo gordo se juega en verano, y aunque el ciclismo es de 365 días y hay época para todo y todos, lo cierto es algo razón tienen, porque, hasta donde nuestra memoria alcanza, en la pesadumbre de rodar bajo soles de justicia se hicieron grandes nombres como Perico, como Miguel Indurain, como Alberto Contador… corredores que se crecían en la canícula.

 

Sin embargo, el ciclista medio no es pro, aunque se lo mire con el recelo de quien siempre quiere más, un poco más, algo más. Y en verano, la bicicleta, el paisaje, invitan a exprimir el limón, pero con precaución. No es una época más, es la época de vacaciones, de los días largos y las marchas de corto, aunque hay peligros, más o menos evidentes, y cosas que convienen tener en cuenta.

 

 

Amaneceres en bicicleta

Siguiendo con los clásicos, aseguran que “la hora de los tontos es aquella cuando ves tu sombra debajo la bicicleta”. Así es, el sol vertical, a plomo, sobre el corredor, es molesto e incluso insalubre, una lima a veces invisible que roe la capacidad del ciclista hasta dejarle muchas veces seco.

 

Por eso es interesante valorar horas extremas para salir: o muy temprano o muy tarde. Momentos en los que el sol entra de canto, por los lados, esos momentos del día que huyen de eso que los sanitarios llaman “horas de máximo riesgo”.

 

El ejercicio resultante es menos dañino y más placentero: Salir al alba es un regalo para los sentidos. Si en invierno y otoño el campo está adormecido, el calor de las noches del verano mantiene el entorno despierto y efervescente.

 

Esa efervescencia surge con el primer sol, con los incipientes calores de la luz que asoma paulatinamente por el este. Ese singular ambiente es un regalo.

Salir en bicicleta a primera hora de una jornada veraniega es un placer, una experiencia íntima a tres: ciclista, bicicleta y naturaleza que el ciclista de solera aprecia desde el primer día que puso un tubular en el asfalto.

 

Si no queda más remedio que salir a la “hora de los tontos”, con el sol cayendo con justicia y el ambiente opresivamente caliente, es imprescindible beber a sorbos, poco, pero de forma frecuente, y no escatimar en sales, que el cuerpo pierde en cantidades industriales con el sol cayendo inmisericorde.

 

Isotónicos durante, antes y después de la salida son imprescindibles. Y ante la duda de agua fresca o caliente, mejor la primera, que entra mucho mejor y ayuda a refrigerar. En un ambiente tórrido, el calor corporal también sufre.

 

 

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Calor húmedo vs calor seco

Cuando el ciclista se pone de corto, con lo mínimo porque no es lo mismo rodar con calor húmero que seco.

 

El primero es molesto en la vida normal, siempre sudando, incómodo, habitualmente húmedo, pero sobre la bicicleta es agradecido: la piel siempre va húmeda, bien hidratada. Con calor húmedo la sensación de sudar envuelve al ciclista casi de inicio, casi desde el mismo inicio de acoplarse a los pedales.

Esa sensación pone en alerta al cuerpo y al celebro. Hay actividad, hay desgaste, por tanto, hay que ser prudente.

En zonas de calor seco, a más de mil metros, la sensación de sudor es exponencialmente más baja, aunque no se perciba el cuerpo quema, vaya si quema, y por tanto el peligro de la deshidratación sobrevuela el incauto ciclista. Conviene hidratar, aunque no apetezca en apariencia.

 

 

Las limitaciones del calor extremo

El cuerpo humano cae en su rendimiento a partir de los 35 grados. Puede parecer irrelevante, pero es una cuestión importante: un tema cerebral. Las órdenes del cerebro llegan con más dificultad a mayor temperatura.

 

De ahí esas bolsas de hielo de los corredores en el Tour de Francia, o esos chalecos de hielo previos a la salida de la carrera. Tener el cuerpo aislado del calor reinante es clave para rinda a un nivel aceptable, considerando que aceptable en verano es un término muy relativo. Hay que ser conscientes de los topes que impone el calor. No se puede pretender un rendimiento como en otras épocas.

Y entre otros topes, un enemigo invisible que ha caído como una maza sobre muchos ciclistas: los pies.

 

El asfalto con el calor es una suerte de parrilla blanda que refleja el calor hacia el ciclista y su primer punto de contacto con éste son los pies, sí los pies, y no es extraño ver a ciclistas tener que parar porque el calor les hincha los pies al punto de provocarles un dolor insufrible, un dolor que se transforma en fatiga…

Es por eso interesante programar alguna parada durante la salida, desenganchar las zapatillas y darle aire a los pies, ese gran olvidado de muchos ciclistas.

 

 

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Para comer…

Verano, calor, deshidratación, desgaste. Conviene echar mano de ensaladas, frutas y verduras. Piezas en definitiva que hidraten. Entre los carbohidratos, el ABC en la dieta del ciclista, el arroz, que retiene más agua, es más recomendable que la pasta. Tomarlo caldoso para desayunar es recomendable.

También están la tapioca y la mandioca, carbohidratos de absorción lenta que se pueden tomar en papilla.

En la hidratación hay bebidas vegetales muy recomendables, bebidas de soja, avena e incluso arroz antes y después de la bicicleta. Obviamente las bebidas especializadas tienen su importancia.

 

 

La indumentaria

De arriba abajo. Nos cuentan los clásicos que hubo un tiempo que, bajo el casco, o la chichonera, los ciclistas se ponían una hoja de col en los días de mucho calor. Las cosas han cambiado bastante, con cascos dotados de la refrigeración necesaria para que el ambiente no pese sobre el ciclista.

Si esos mismos clásicos usaban las gafas para protegerse de insectos, hoy unas buenas gafas no sólo protegen de bichos por la ruta, también hay un componente de filtro ante los ultravioletas.

 

El maillot es la pieza central, que no fundamental. Debe ser ligero, debe tener protección utravioleta, debe tener buena refrigeración y debe evacuar bien el sudor, para disfrutar de descensos plenos sin incómodas humedades. Interesante evitar colores oscuros y prendas de estampados muy recargados. 

 

El culotte es la pieza baja, y con calor fundamental. Volviendo sobre los clásicos, no fueron pocos los ciclistas que tuvieron que dejar grandes carreras por heriditas mal curadas que se infectan. Los furúnculos eran un motivo usual de abandono.

Hablamos de zonas íntimas donde la cura de cualquier herida es conflictiva. Una herida mal curada puede dejar al ciclista en el dique seco varios días, cuando no semanas. Tenedlo en cuenta.

Por eso la elección de un culotte con buena badana, que absorba bien el sudor y tenga la zona seca es muy importante, como que amortigüe. El tejido debe ser suave, aterciopelado, ajustado.

Pero la ropa no lo es todo. La higiene del ciclista es un ritual que con calor tiene su plena justificación.

 

 

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Nuestra salida con el maillot Carrera

En una de nuestras salidas de verano, con el Garmin marcando 35 grados a las diez de la mañana, en un punto de la costa mediterránea, aunque con un recorrido que nos llevo a zonas más secas, aunque despobladas de árboles, pudimos probar el maillot Carrera by Gobik, la prenda más técnica de la marca y por tanto más recomendada para los sofocos del verano.

 

Tras tres horas de marcha y una exigencia importante, las sensaciones que tuvimos al desembalar la pieza se trasladaron al rendimiento. Disfrutamos de una pieza ligera y transpirable, transmitiendo la sensación de no llevar nada en la marcha.  La impresión de finura que se percibe no implica que el sol vaya a filtrarse, al contrario, al quitárnoslo, nuestra piel lucía perfecta, sin rastro de los efectos del sol. La confección de la pieza está al nivel de las primeras sensaciones.

 

Apreciamos su costura reforzada entre la base de bíceps y la retención para evitar que el tejido ceda. Se puede estirar el brazo y sigue fijado tras varios usos. Además el repunte se nota bien disimulado. 

En la parte trasera tenemos un bolsillo central más alto, perfecto para llevar bomba de mano telescópica por si la necesitamos durante la salida. Por el corte del bolsillo lo cierto es que quedan perfectamente fijadas,

En la parte baja, una cinta de licra lo fija a la cintura, con un doble repunte que permite rellenar bolsillos con algo de peso.

 

El maillot como dijimos resulta muy ligero, y a ello contribuye una cremallera microdentada, bien disimulada.

 

Por detrás, dos reflectores en ambos lados mejoran nuestra visibilidad en carretera.

 

 

Textos: El Cuaderno de JoanSeguidor