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David Muntaner, el apóstol ciclista en el corazón de Mallorca

 David Muntaner Gobik Test Factory Team

 

 

Alaró es un pueblo mallorquín, más o menos a medio camino entre Palma e Inca. No es muy grande, como decimos, pero está en el sitio perfecto, se sitúa a la entrada de la Serra de Tramuntana, esa ceja montañosa que atraviesa en diagonal la isla grande de las Baleares.

 

Mirando el mapa, en Alaró, el ciclista tiene a la izquierda, la Tramuntana, a la derecha, llanos para rodar alegremente, y al norte zona “repechosa”. En Alaró, el ciclista tiene lo que necesite o le apetezca. Todo a mano. En Alaró, el ciclista tiene también el pequeño templo ciclista que David Muntaner abrió hace unos seis años. Es un poco de todo, un poco de taller, un poco de tienda, un poco de museo y buen café.

Un sitio por donde deambula una marabunta ciclista a forma de goteo diario. Una marabunta que viene de medio mundo, de media Europa, que hace parada en casa de David para tomar un café mientras le ajustan la bicicleta, mientras trastean entre ropa, cascos y gorras.

 

 

David Muntaner Gobik Test Factory Team

 

 

La vida en una bicicleta

David no es de Alaró, es de Establiments, cerca de Palma, el pueblo que vio su pacto secreto con la bicicleta, la máquina de la felicidad y finalmente herramienta de trabajo. Cuando era un niño, pasaba toda la semana esperando que llegara el sábado para rodar con los amigos, para hacer una ruta y picarse en la primera subida.

Pero hubo un día, a los trece años, más o menos, que el ciclismo pidió compromiso en aquel chaval que tenía la bicicleta por divertimento diario. Y probó la BTT, donde duró dos años, porque le tiraba la carretera y en especial la pista.

Mallorca, sin duda, tierra de buenos pistards, de tradición pistard ancestral. Una línea de grandes que venía desde los Timoner, los hermanos que hicieron fortuna en Catalunya, que llegaron a vivir en un caseto a la sombra de las gradas del velódromo de Mataró. Mallorca, tierra de un pistard de leyenda, Joan Llaneras. Serio, incluso hasta frío en persona, una bomba sobre la bicicleta, una bomba que levantó el graderío del Palma Arena cuando a veinte vueltas para el final todos le daban como campeón del mundo de puntuación.

 

 David Muntaner Gobik Test Factory Team

 

 

Joan aquel día erizó el vello de David, quien en ese mundial contribuyó a la cuarteta de persecución. David supo también qué significa ser campeón del mundo, pero no en Palma. Fue en Cali, en la catedral de la pista colombiana, cuando formando pareja con el menorquín Albert Torres, se colgó el oro y se vistió el arcoíris de la americana.

“No éramos tan lentos como parece, lo que pasa es que Albert y yo siempre planteábamos las carreras igual, buscar y buscar el momento justo para atacar y sacar adelante la carrera” precisa David.

 

En Cali tomaron vuelta porque los belgas eran más rápidos sobre el papel y en la pista. No obstante, sin tomar vuelta, Albert y David hubieran sido plata.

Pero fueron oro, el oro que siguió a la plata del año anterior, cuando David, sin opción de ir al mundial con la española, era en Bielorrusia nada menos, picó puertas y buscó un patrocinio privado. Lo logró y le devolvió la inversión en menciones en la prensa porque había sido subcampeón del mundo. Aquella es una historia para los nietos. De la imposibilidad de ir debido a un accidente sobre la bici, a conseguir el dinero justo para fletar el viaje a Minsk y volverse con una presea plateada colgada del cuello.

 

 

David Muntaner Gobik Test Factory Team

 

 

Eso es tenacidad. Como la que demostró apostando por su pequeño café en el corazón de Alaró, incluso siendo aún ciclista. Cuando él no estaba, su mujer picaba piedra para sacar adelante un pequeño local que fue y es contenedor de ilusiones y amor por este deporte. La pista no le dio dinero al momento, pero fue un crédito a largo, le otorgó prestigio y conocimiento.

 

Y le llenó las paredes del taller y de la tienda de maillots de campeón del mundo, de la Copa del Mundo… maillots incluso de carreras de seis días, siendo especialmente preciado el de Gante, la catedral de los seis días, que en ciclismo simboliza la belle époque.

 

Cuando un belga acaricia un maillot de Gante, de sus seis días, tan lejos de casa, siente que lo ha logrado. David se lo ha ganado a pulso. “¿De verdad conoces Gante?” le dicen.

 

La pista, la universidad del ciclismo. Para David hay tres palabras que perfilan el término:

Velocidad, porque todo va rápido, incluso las carreras de fondo, las menos obvias. Si pestañeas, te lo pierdes.

Espectáculo ante carreras que puedes ver perfectamente de inicio a fin, en primera persona, directamente, sin que te lo cuenten.

Táctica, porque sin ella no eres nadie, mente fría, leer carrera, atajar ataques, jugar los tuyos.

David pone cariño en su negocio,basado en el amor por la cultura ciclista, con valores que no pasan de moda.  

 

Dejó de competir hace tres años, su local lleva abierto seis, y en él, al olor de un café, al calor de una tostada en medio de una salida en bici por los contrafuertes de Tramuntana, se puede conocer la colección de Gobik, marca con la que David mantiene una fluida relación desde hace unos dos años.

 

 

David Muntaner Gobik Test Factory Team

 

 

Relación calidad-precio, acabados, diseños ganadores son los tres argumenrtos que David esgrime para poner sobre la mesa del cliente la opción de la firma de Yecla. Cultura y amor por el ciclismo. Con Gobik, David compite en el Factory Team, el equipo que pone al límite las prendas y que aporta las claves para desarrollar la siguiente colección.

 

Prendas que conviven con arcoíris eternos, además del suyo, el de Joan Llaneras y el de Martin Irvine, irlandés, compañero de entrenamientos de David, con quien mantiene una intensa relación, como con el ciclismo irlandés, de cuya pista es el seleccionador.

 

Porque cuando la bicicleta y el ciclismo entraron en la vida de David, fue para siempre.

 

Textos: El Cuaderno de JoanSeguidor

Fotos: Ferran Soler Fotografía y archivo personal de David Muntaner