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Los eternos colores de la Volta a Catalunya

Gimondi, 1968. Volta a Catalunya

 

 

 

Ciclistas en medio de la calzada. Ciclistas ataviados por maillots gruesos y ásperos cuyos colores se pierden en fotografías estropeadas por el paso del tiempo. Ciclistas con el neumático cruzado sobre su precaria indumentaria. Ciclistas en medio de una muchedumbre abrigadísima. Un ambiente gélido cubre Barcelona aquel día de Reyes de 1911. Y en el viaducto de Elisenda de Montcada, unos cuarenta corredores se citan para disputar la primera Volta Ciclista a Catalunya.

 

Porque en la prehistoria de la historia del ciclismo ya existía la Volta a Catalunya.

 

Así nace la carrera más antigua de entre las de su género en el World Tour.

 

Sólo Giro y Tour superan en antigüedad a la Volta a Catalunya.

 

La Volta a Catalunya surgía fruto del trabajo de un serial de personas cuyas inquietudes no conocían límite. Personaje inspirador, incluso cien años después, Narciso Masferrer quería renovar su presidencia en la Federación Española de Ciclismo. Para ello, ideó una carrera, la primera gran carrera por etapas de España, una aventura frágil en apariencia que pasaría por mil vicisitudes. Mientras Masferrer hacía política, Miguel Arteman, personaje capital en esta leyenda, ejecutaba los pasos para la creación del nuevo evento.

 

 

 

Ocaña, 1973. Volta a Catalunya

 

 

 

Arteman llegó a Barcelona desde Sevilla para ser parte de la creación El Mundo Deportivo, diario decano de la prensa deportiva a este lado de los Pirineos. Motociclista, también árbitro, organizador, dinamizador y finalmente periodista, entre sus inquietudes estuvo la creación del Grup Esportiu de Barcelona, el ente desde donde se crearía la Volta a Catalunya.

 

El origen sevillano de Arteman le llevó a tomar un jersey blanco sobre el que trazó unas líneas verdes, dibujando la bandera andaluza en el maillot de la Volta a Catalunya. El día que diseñó la pieza que distinguía al líder marcaría la vida e imágenes de grandes campeones en la Volta a Catalunya.

 

 

 

B. Thevenet, 1974. Volta a Catalunya

 

 

 

Abrió el camino en 1911 el tarraconense Sebastià Masdeu. En la década de los veinte, la Volta a Catalunya retomaba la línea de la década anterior sembrando de nombres la leyenda con el carisma de Victor Fontan, Jaume Janer y Muç Miquel, los ídolos de cuyo esplendor bebió Mariano Cañardo, siete veces ganador de la Volta a Catalunya.

 

Nadie hubo más grande que Mariano Cañardo. Y eso que le siguieron grandes nombres vistiendo ese maillot blanquiverde de la Volta a Catalunya, como Miquel Poblet, dos veces ganador, o Jacques Anquetil. El normando fue el inicio de la gran línea de sangre azul de la Volta a Catalunya. Su maillot lo vistieron Eddy Merckx, Luis Ocaña, Felice Gimondi, Marino Lejarreta, Sean Kelly, Miguel Induráin, Laurent Jalabert, Joaquim Rodríguez y Alejandro Valverde.

 

La Volta a Catalunya ha sido siempre blanquiverde, y lo sigue siendo, su maillot se agarra a la historia frente a la modernidad que tiende a homogeneizar el paisaje.

 

 

 

Induráin, 1991. Volta a Catalunya

 

 

 

Y eso que la Volta a Catalunya nació con Inspiración francesa, con el Tour siempre en el espejo. Los aires de modernidad del norte soplaban Pirineos abajo. Y lo que fue L´ Auto tuvo su reflejo en El Mundo Deportivo y lo que era el Tour, se emuló en la Volta a Catalunya.

 

Aquella Volta que salía desde uno de los viaductos de la llamada zona alta de la ciudad de Barcelona fue la de unos ciclistas, en raro equilibrio por aquellas rutas de principios de siglo por una pequeña red de carreteras, castigadas por el desuso y falta de mantenimiento.

 

En aquella Volta a Catalunya empezó la historia, historia que hoy es leyenda, leyenda trenzada por cada hilo del maillot que acabó en las espaldas de quienes escribieron esa historia.

 

 

 

Por Ibán Vega, El Cuaderno de JoanSeguidor. Fotografía: archivo oficial de la "Volta" a Catalunya