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Souvenirs del Galibier

 GALIBER

 

 

 

A más de 2000 metros las cosas se ven muy diferentes. A más de 2000 metros la espesura domina tus actos, todo es más lento, cansino, el cuerpo lo acusa, la mente con él. A más de 2000 metros el hombre sale de su forma de confort y explora sus límites.

 

“En el Galibier somos como un pálido y vulgar animalillo: ante este gigante, sólo podemos quitarnos el sombrero y saludar con modestia”. Quien habla así de los 2645 metros del Col du Galibier se llama Henry Desgrange, personaje en cuyo recuerdo se pone el “souvenir Desgrange”, premio para el primer ciclista del Tour que corona el Galibier.

 

Es un premio que recuerda a la que podríamos considerar la primera personalidad de la historia del ciclismo, garante de los primeros registros de la hora, en el mítico velódromo parisino de Buffalo, a finales del siglo XIX, y también instigador de la primera edición del Tour de Francia.

Cuando Desgrange llevó su carrera a la coronilla del Galibier supo, en cierto modo, que era como si el hombre hubiera hollado la luna porque era en definitiva la historia de un pedazo enorme de naturaleza que el ser humano quiso un día explorar.

Y en esa conquista “casi lunar” siempre quedará la leyenda de Émile Georget, cuando en 1911, en la prehistoria de la historia del ciclismo, fue el primer ciclista en coronarlo tras una penosa ascensión de dos horas y media haciendo eses y creyendo muy fuerte en lo que hacía, porque si la fe dicen que mueve montañas, fue la esperanza de conquistar un pedazo de luna en la tierra lo que movió a Georget ese día.

 

 

GALIBER

 

 

El camino que trazó Georget

 

Émile Georget no fue el mejor ciclista de su generación, pero sí pasó a la historia por su singular gesta en el Galibier, porque transitó terrenos que nadie había conocido y que todos siguieron tras él. Su aspecto de pedalista refinado, con generoso mostacho, sería hoy el perfecto poster de una cafetería de culto, entonces era la imagen de un auténtico loco que se echaba a las montañas en busca de unas aventuras que sonaban a quimera.

 

Dicen que Georget, junto con Paul Duboc y Gustave Garrigou, fue el único ciclista en no poner pie a tierra durante toda la ascensión.

 

100 años después de Émile Georget, el Galibier fue la estrella que más brilló en el Tour de Francia. En una carrera marcada por la igualdad, y casi apatía entre los favoritos, Andy Schleck partió en el Izoard, bajó en solitario a Briançon y desde el valle voló hasta el Galibier, primero con el auxilio de Maxime Monfort, luego solo, para ganar la etapa más bella de tiempos recientes.

 

Al día siguiente, el Gabilier no sería meta, sería punto de paso, previa ascensión a su compañero Télégraphe, para ver el destrozo de Alberto Contador que a su paso dejó pasión y furia en la jornada que acabaría en Alpe d´ Huez.

 

Dos veces se ascendió en Galibier acabando en Serre Chevalier, la última es reciente, en 2017, con victoria de un ciclista que vuela contra el reloj y no pestañea en las ascensiones, Primoz Roglic.

 

La anterior ocasión fue aquella en la que Miguel Indurain y Tony Rominger provocaron pavor en el pelotón, mano a mano, marcando las distancias que el Galibier sólo es capaz de procurar si te pilla inspirado. La etapa la ganó el suizo, la general se decantaba mucho a favor del navarro.

 

 

Fransciso Cepeda, el nombre trágico del Galibier

 

En el Galibier también se escriben historias de final infeliz. Fransco Cepeda era un ciclista vizcaíno que estaba compitiendo en el Tour de Francia de 1935. Eran tiempos de ciclismo prehistórico, los años de Mariano Cañardo y el despertar internacional de los ciclistas de este lado de los Pirineos.

 

Cepeda bajaba el Galibier, por la vertiente del Lautaret, en dirección a Le Bourg d´ Oisans. Persiguiendo al legendario Rene Vietto, uno de los gregarios más recordados de la historia del ciclismo, Cepeda fue atropellado por un coche en plena ruta. Le atendieron sobre el mismo arcén sin mejora alguna. Trasladado de urgencia al Hospital de Grenoble, Cepeda moría a media noche.

 

Fue el primer ciclista que falleció en el Tour de Francia.

 

 

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La historia de Marco Pantani

 

Hace veinte años, no se mascullaba otro favorito para el Tour que Jan Ullrich. Poderoso, dorsal uno a la espalda, el alemán vestía un maillot amarillo confortablemente asentado en una amplia renta fruto de las largas cronos que llenaban el Tour esos años.

 

Cualquiera en su sano juicio hubiera pasado página, se hubiera conformado con un resultado digno. Marco Pantani no era un cualquiera. Bajo la tempestad el romagnolo salió disparado del pelotón de los grandes. No dio opción, en el grupo, Ullrich incluido hicieron como que no le vieron partir, e hicieron mal, Pantani no sólo enjuagó la ventaja del alemán, si no que acabó la jornada de líder destacado con cuatro minutos de colchón para ganar su Tour, el del 98, el que cambión la historia del ciclismo.

 

En el Galibier hizo su puesta de largo Alberto Contador, en 2007, cuando tomó el mando de la subida con un seco ataque que puso muchos ojos sobre aquel joven madrileño que ya sonaba, pero del que nadie tenía imagen exacta de lo que podía hacer. Ese Tour acabó siendo el primero de Contador. 

 

 

La nieve en el Galibier

 

El paso del Galibier surgió por la necesidad de conectar valles completamente aisladas allá por el siglo XIX. Las primeras rutas unían los valles de Maurienne con Briançon ya en 1876, aunque con los años se abriría un túnel cerca de la cima que evitaba casi dos kilómetros de insidioso trayecto a más de 2600 metros de altitud.

 

Y es que el Galibier es una caja de sorpresas porque a esas latitudes la temperatura acostumbra a ser fresca y en ocasiones traicionera, como en el Tour de 1996, el que pudo ser el sexto de Miguel Indurain y en el que el mal tiempo y la lluvia azuzaron en su contra. La jornada que debía pasar por el Galibier fue recortada, porque en el gigante alpino la nieve rebosaba en pleno mes de julio.

 

La nieve, elemento inédito en verano, sí que apareció en el Galibier y aquella jornada, en la que Bjarne Riis empezaría a decantar el Tour en Sestriere, pasó a la historia por una efeméride casi inédita en la historia del Tour.

 

En los Alpes, el Galibier no es el más alto, pero es su majestad, es el puerto de los puertos y exige humildad porque pocos lo han domado más de una vez y la calidad de nombres como Bahamontes, Gaul y Julio Jiménez hablan del tamaño de un reto que esta vez tiene nombre “Supergranfondo Galibier-Izoard”, una marcha cicloturista por rutas de leyenda encadenando los dos puertos que vieron volar al pequeño de los Schleck en el centenario del Galibier en el Tour.

 

Una marcha singular que significa el debut de Gobik como proveedor del maillot que se dará a los participantes, una prenda que llevará impreso el nombre de grandes mitos de un deporte más que centenario.

 

 

Textos: El Cuaderno de JoanSeguidor

Fotos: http://supergranfondo.com/