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Carlos Coloma, con la medalla en el bolsillo

 

Mohamed Alí se distinguió por una grandeza que superó a su persona.

 

Su fortaleza residía en un físico privilegiado, pero también en un fe inquebrantable en Dios y en sí mismo, en sus convicciones, en su resistencia y, cómo no, en sus movimientos.

“Vuela como una mariposa, pica como una abeja” inmortalizó un día, porque sus pies eran polvorilla y los puños casi cuchillos sobre la resistencia del rival. Cuentan que Alí se hizo boxeador porque un día, de pequeño, le robaron la bicicleta y no pudo defenderse.

 

En Alí, en lo que significa, asienta Carlos Coloma su filosofía, un trazo grueso de pensamiento que distrae al rival para acabar ganándole. Un proceso que se engrasa por la ambición y las ganas de competir, pero que se hilvana desde el respeto y el juego limpio.

 

 Carlos Coloma la medalla en el bolsillo

 

 

Él, nacido y residente aún en Albelda de Iregua, a diez kilómetros de Logroño dirección Soria, ha pisado medio mundo, pero nunca se ha perdido en el camino de vuelta a casa. Como las veces que se alejaba de casa con su BH Callifornia con su colla de amigos y exploraban las rutas hacia Nalda, a tres kilómetros de casa, o Alberite, a seis, e incluso una vez hasta Ribafrecha, a quince.

“Ir a Ribafrecha ya era la hostia” dice señalando el camino. Siempre supo volver a casa.

 

 

El ciclista que vino del fútbol

 

Pero la bicicleta no fue el centro del universo. El Coloma que crecía en los contrafuertes de Clavijo, allí donde el caballo blanco de Santiago, era un delantero centro “algo chupón” cuyo mundo giraba en torno a un balón.

 

Aquel delantero acaparador un día salió con su padre, recién inscrito en masters, en bicicleta. Le vieron maneras. “Prueba la bicicleta ¿a ver qué tal?”. Ganó una carrera por Logroño y al año siguiente se fue a correr una competición de infantiles a Barcelona. “Allí había el mejor nivel y una cantidad enorme de participantes” recuerda. 

Ganó dos y quedó segundo en otras tantas. Es decir, que sumado todo, fue ganador de aquella competición. El pequeño Coloma prometía, crecía y asentaba la firme idea de que “yo podía ganarme la vida en esto, nunca tuve otro objetivo que éste. Quizá no haya llegado a lo más alto, pero he logrado todos y cada uno de mis objetivos” aduce como quien pasa cuentas, una por una, a lo que la vida ha dado de sí.

 

 coloma medalla bolsillo

 

 

“De mi infancia recuerdo deporte, mucho deporte y con él, valores como las ganas de luchar, de no rendirte nunca y, a pesar de momentos complicados, seguir adelante. Siempre”. Es decir, volar como una mariposa, y ser paciente para picar como la abeja.

Picotazos sobre ruedas gordas. “Me encantaba el BTT, pero casi no había carreras de montaña de mi categoría en cadetes y juveniles” recuerda de una modalidad, en los noventa, aún en pañales. Y eso no le impidió ser oro con el equipo español de relevos, el “dream team” con Lezaun, Fullana y Hermida acompañando a Coloma, subcampeón del mundo.

 

 

Fidelidad por la BTT

 

Carlos Coloma la medalla en el bolsillo

 

 

Dos medallas, juvenil: “Orbea me hizo propuesta para dos años y otros tantos opcionales”. Ahí se fue, desestimando la opción Olarra y tener pasillo a Euskaltel. Le tiraba la BTT, quería triunfar en BTT y así está hoy, en capilla de correr su vigésimo mundial consecutivo sin fallar en ninguno sobre ruedas gordas.

 

Coloma empezó a competir como biker a inicios de los noventa, entonces la BTT era “un deporte muy verde. Es más, podría decir que he visto toda la historia de la BTT. El cambio desde entonces ha sido tremendo, aquí ha ido dando saltos y frenazos, pero estos dos o tres últimos años el subidón ha sido terrible. Muchas cosas influyen, por ejemplo, mi medalla fue un domingo por la tarde y mucha gente conoció este deporte, la irrupción de las bicicletas eléctricas, la gente que se cuida...”.

 

Los Juegos Olímpicos, esa “cosa” que excede a tu propio deporte, a cualquier deporte. “No somos uno de los deportes más conocidos, como el tenis o el fútbol, pero a nivel mediático el cambio ha sido importante, yo lo he notado mucho con la medalla de bronce. Los JJOO te llevan a otro nivel porque en definitiva todo niño que quiere ser deportista sueña con ellos”.

 

 

Por qué Gobik

 

El buen momento deportivo tiene reflejo en la industria.

Para Coloma, Gobik es un espejo de esa realidad: “En las Olimpiadas tenía una propuesta de otra marca; con el tiempo, al estar en el equipo de Ajram me sugirieron la gente de Gobik. Mi percepción previa era la de un producto llamativo, con diseños y líneas acertados.

 

Comenzamos a trabajar duro con material y tipo de ropa. Fui a Yecla y me quedé alucinado por la ilusión, ideas claras y siendo copiada por otras marcas con líneas similares”. 

 

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Textos: El Cuaderno de JoanSeguidor

Fotos: Archivo del equipo Primaflor Mondraker, archivo de Carlos Coloma y Matthew DeLome Photograpy,